El Diario Montañés recoge una extensa entrevista a nuestro compañero Santiago Rodríguez Charlón, director de la División de Energía del Instituto Tecnológico de Galicia (ITG), donde analiza las claves del futuro energético de los entornos rurales y defiende las comunidades energéticas como una herramienta especialmente útil para reducir el coste energético a nivel social y empresarial, convirtiendo estos enclaves en entornos ejemplarizantes de hacia dónde debemos ir. Reproducimos a continuación la entrevista que también puedes ver en su versión impresa (VER PDF).
¿Cómo definiría un Territorio Rural Inteligente?
Entendiendo la inteligencia como la capacidad de comprender y resolver problemas, lo primero es identificar los problemas que existen en un territorio rural. Aunque tiene sus particularidades, en gran medida son problemas sociales, económicos y medioambientales a los que debemos dar soluciones orientadas a conseguir una mayor cohesión social. En definitiva, definitiva mejorar el bienestar de los integrantes del territorio rural. De tal manera que un territorio rural inteligente, debe ser, en primer lugar, un territorio conectado y comunicable, que además debe disponer de herramientas digitales para la toma de decisiones dotadas de algoritmos adaptados a la resolución de cada problemática concreta.
¿Cuál es el escenario energético actual en los entornos rurales?
La verdad que la situación actual, de España y de Europa, de elevada dependencia energética del exterior, de necesidad de acceder a una energía con precios más competitivos, de necesidad de mitigación del consumo de combustibles fósiles y de necesidad implantación de fuentes de generación renovable, no se diferencia mucho del escenario de un entorno rural. La coyuntura actual de elevados precios de energía ha hecho que se comparta un diagnóstico común. Si bien es verdad que el entorno rural cuenta con mayores problemas de accesibilidad o de garantía de suministro energético, pero el escenario es muy similar.
Y si hablamos de futuro… ¿Hacia dónde se dirige?
¿Qué papel deben desempeñar los pueblos en esta transición energética que estamos viviendo?
Los pueblos deben ser agentes activos de la transición energética, que actúen, una vez más, de entornos ejemplarizantes de hacia dónde debemos ir cómo sociedad. Son entornos sostenibles que deben incorporar en su ADN el reaprovechamiento de sus recursos renovables autóctonos para la generación energética y acompañarla de una gestión eficiente de esta energía. A día de hoy ya existe tecnología para ello.
¿Qué fortalezas y debilidades presentan estos entornos en esta materia?
Esta reflexión yo la haría desde tres puntos de vista, social, tecnológico y de emplazamiento. Desde el punto de vista social nos encontramos con dos condicionantes: en los entornos rurales ya existe la necesidad de independencia del sistema energético actual por la falta de robustez en determinados momentos y en determinadas ubicaciones, por lo ya que existe cierta consciencia de necesidad de independencia del sistema energético actual, y esto sólo se consigue con renovables y autoconsumo. Por otro lado nos encontramos con población envejecida, con unos hábitos y costumbres de compleja modificación.
Desde el punto de vista tecnológico, ya existen soluciones de generación de energía renovable a precio competitivo, que además cuentan con subvenciones públicas y que, por necesidad de potencia en el entorno rural (en la mayoría de los casos inferiores a los 100KW) hace que los trámites administrativos sean más ágiles. Y desde el punto de vista del emplazamiento, los entornos rurales suelen contar con mayor acceso a recursos renovables. Por ejemplo, no tiene tantos obstáculos para la eólica o sombras para la energía solar como puede haber en entornos urbanos, y la biomasa la tienen en su propio entorno. Por otro lado suelen estar menos accesibles, lo que dificulta la ejecución de cualquier obra.
Con estos pros y contras, y otros no mencionados, los entornos rurales son, sin duda, agentes claves para la transición energética.
¿Considera que es necesario el desarrollo de este tipo de planes eficientemente energéticos específicos para entornos rurales en el que se impliquen todos los agentes públicos y privados?
El desarrollo de planes de eficiencia energética es algo importante para cualquier sector, y de hecho llevamos más de 15 años desde ITG acompañando al sector público y empresarial en desarrollo de este tipo de planes, los potenciales de ahorro son considerables. El entorno rural va un poco por detrás en este tipo de planificaciones por lo que no debemos esperar más.
Estos planes deben incorporar medidas de ahorro y eficiencia energética, de fomento de la generación energética con renovables y gestión energética inteligente con soluciones de digitalización. Para todo esto es de vital importancia la colaboración público-privada, y más si cabe, en un entorno dónde no está tan sensibilizado con el cambio, como son los entornos rurales; principalmente por la brecha generacional.
Para la transformación de entornos rurales en territorios inteligentes que actúen de elementos tractores en la transición energética es importante un apoyo de la administración pública, deben ser los dinamizadores de este cambio, y en parte lo están haciendo a través de ayudas públicas, gestionadas por el IDAE y las agencias de energía autonómicas, pero creo que no es suficiente.
El momento actual, de imperiosa necesidad de llevar a cabo un cambio disruptivo en nuestro modelo energético, hace necesario que el sector público de un paso adelante, ya no digo en aumentar cuantías de ayudas, que también, pero sí de cara a reducir trámites burocráticos y tiempos de respuesta. En definitiva, una mayor agilidad.
Por su parte, los agentes privados son claves también en este cambio, adoptando la figura tanto de ejecutor de las acciones, como de promotor o como gestor de la actuación, debemos ser consciente que para la implantación de planes energéticos innovadores es necesaria una gran especialización. Y no podemos olvidarnos de la innovación, clave para adoptar soluciones nuevas para nuevas necesidades, y ahí estamos los centros tecnológicos. Es importantísima la colaboración entre todas las partes para este cambio.
¿En qué medida las CEL (Comunidades Energéticas Locales) pueden contribuir a atraer y fijar población e impulsar los municipios en riesgo de despoblamiento?
Si bien es verdad las CEL no van a ser la solución a este despoblamiento, sí que pueden contribuir a que la energía en el municipio sea más competitiva, por lo que el coste de vida será menor y harán más atractivo vivir en el rural. Pero esto habrá que unirlo a otras políticas que pongan fin a la centralización del sector público y por ende del sector privado que da servicio a la administración pública. Es importante la descentralización poblacional y la única manera es empezando por la descentralización de las administraciones públicas, y más en un mundo cada vez más digital.
Usted ha dicho en alguna ocasión que todos los nuevos escenarios energéticos pasan por el empoderamiento del consumidor, ¿pueden ser las Comunidades Energéticas Locales una buena herramienta para alcanzar este empoderamiento?
¿Considera que están las administraciones públicas implicadas tanto en el impulso tanto de las CEL como de otras medidas innovadoras que faciliten esa transición energética de la que hablábamos?
Categóricamente no, no se están implicando como deberían. Principalmente por la velocidad que se requiere en estos momentos. Las administraciones públicas van muy lentas tanto en el desarrollo de legislación, como en la resolución de autorizaciones y licencias. Además, les falta visión, se plantean objetivos inalcanzables en plazo por su propia lentitud.
A día de hoy las CEL que se están creando no dejan de ser un autoconsumo compartido, que no es poco para ir empezando, pero muy lejos de la filosofía de una CEL y lo buscado desde Europa en sus directivas. No hay normativa adaptada a las capacidades tecnológicas, no hay ayudas adaptadas a las diferentes necesidades de CEL, y lo mismo en otros ámbitos como la eólica offshore que aún acaban de salir los POEM hace unos días, aún no se saben el resto de reglas de juego y se pretenden instalar 3GW de aquí a 2030. El hidrogeno más de lo mismo, y la innovación mucho peor, se está invirtiendo cerca del 1,4% del PIB, muy lejos del 2,3% de media de la Unión Europea. No, no se implican como deberían.




